domingo, 29 de diciembre de 2013

Objetivos frente a Procesos



Es evidente que vivimos en una sociedad que valora más el producto, los resultados y los objetivos que los procesos. Son numerosos los ejemplos que reflejan esta cuestión, especialmente explotada dentro del mundo de la psicología aplicada a la empresa y a la consecución de objetivos. Conste que hay una parte que está muy bien. A todos nos place conseguir objetivos y alcanzar las metas que nos proponemos, tanto a nivel individual como grupal. El problema radica en que si solo nos centramos en eso, estamos obviando otras cuestiones mucho más básicas e importantes. Para que se entienda lo que quiero transmitir, tomemos el desarrollo humano como punto de partida y veamos algunos ejemplos que muestran cómo la presión externa a menudo pasa por encima de nuestro propio tiempo, espacio y ritmo, en alas del cumplimiento de órdenes y exigencias que nos son ajenas. 

Ya desde antes de nacer, no es extraño que se fuerce el nacimiento porque en teoría se ha cumplido el tiempo; es decir, se estimula y acelera artificialmente el proceso al margen de que el feto esté maduro para salir al mundo. En la mayoría de ocasiones, al cabo de pocos meses de amamantamiento se reciben presiones sociales que empujan a dejar de amamantar, pasando así por encima de las necesidades auténticas de los recién nacidos. A pesar de que profundamente necesiten la presencia de los padres, los niños deben aprender a dormir solos lo antes posible, incluso si pasan miedo-pánico por las noches y necesitan compañía; cuántos casos de ansiedad e insomnio adulto, por ejemplo, no tendrían lugar si atendiéramos a esto. Debemos hacernos mayores y ser autónomos lo antes posible, a pesar de las carencias sobre las que nos estructuramos; el crecimiento precoz es reconocido y premiado a costa de otras necesidades que quedan sin cubrir. Asimismo, somos socializados precozmente cuando aún no estamos ni mucho menos en esa fase. Desde muy pequeños tenemos que aprender a no llorar, a no enfadarnos, a no tener miedo y a no estar demasiado contentos porque armamos ruido. Evidentemente, nuestro cuerpo también aprende a pagar el precio de tanta desconexión emocional.

Objetivos frente a procesos
Las exigencias externas son tan constantes como las presiones y las prisas. Sin apenas darnos cuenta las incorporamos en nuestro funcionamiento normal. ¿Cómo puedo saber otra forma de ser y de hacer si no conozco otra? Vivimos en una sociedad en que desde antes de nacer se nos enseña que los objetivos pasan por encima de los procesos instintivo-emocionales que nos gobiernan, es decir, por encima del tiempo que cada uno necesita para sentirse, madurar y crecer. Poco a poco nos convertimos en niños y adultos que para sentirse amados tienen que cumplir con una cantidad ingente de objetivos y quehaceres. De lo contrario, el afecto no se merece. Vivimos en estrés crónico sin apenas descanso, a riesgo de encontrarnos a nosotros mismos. Lo importante es hacer, llegar lo antes posible, cumplir con los objetivos, ser perfectos y además permanecer íntegros. Vivimos obsesionados con el objetivo, con aquello que nos hace imperfectos y queremos cambiar. Si tenemos un mal hábito o queremos conseguir algo, nos forzamos y nos reforzamos para cumplir con aquello que nos hemos propuesto. Luego, como que no estamos suficientemente maduros para asumir esa decisión, abandonamos el objetivo y nos castigamos de las más variadas formas. En definitiva, seguimos sin ser lo que se espera, peleando con nosotros mismos en un combate sin fin. A menudo es necesario darse unas cuantas veces contra esa pared para que quizá algún día podamos vivir la vida desde nuestro centro, respetando nuestro ritmo natural, el que nos sale de dentro, ni rápido ni lento; sin forzarnos, sin exigencias, sin presiones; viviendo y sintiendo los procesos para relacionarnos de una forma más sana con nosotros mismos, con la vida y con los otros.

En la naturaleza, cuando un fruto está maduro cae por su propio peso. Ese es su momento. Ni antes ni después. La naturaleza lleva intrínseca unos procesos de vida que entran en diálogo con el ambiente ofreciendo el tiempo, el espacio y el ritmo de maduración para cada fruto y para cada ser. Como sociedad, estamos tan alejados de todo esto que entiendo que pueda sonar a chino. Qué le vamos a hacer. Pero vale la pena planteárselo.
Para acabar este post, aprovecho para invitaros a salir de la ciudad y las aglomeraciones. Ya que nos despedimos del 2013, brindo con vosotros por un 2014 sin presiones en que nos centremos más en vivir y sentir los procesos que en cumplir objetivos. El brindis sigue vigente para los años posteriores. Como añade mi amiga Susanna Arjona, brindemos también por el arte de tratarse bien y de dejarse en paz. 


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lunes, 9 de diciembre de 2013

El corazón y sus repercusiones afectivas en la salud y la calidad de vida



En esta entrada hago una aproximación al sentido y los significados del corazón. ¿Por qué el corazón? Porque es uno de los grandes pilares donde se sustenta el ser humano y sus relaciones, y por las implicaciones tan fundamentales que de ahí parten. 
Etimológicamente, corazón viene del latín cor-cordis. Desde el corazón tenemos corazonadas o algo nos parece descorazonador. Desde el corazón nos acordamos, recordamos o acordamos si los corazones se ponen de acuerdo. Desde el corazón también podemos estar en desacuerdo y distanciarnos. Es curioso que la cordura y el estar cuerdo, en contraposición a la locura, también partan del corazón.

El corazón es el primer órgano que se activa en el ser humano. Lo hace en la fase pre-natal embrionaria, con un movimiento de contracción y expansión que marca el ritmo y el tiempo de su latido constante. Una vez construido el oído en la fase intrauterina, el corazón de la madre es el primer sonido rítmico que escuchamos, la primera música que sentimos e incorporamos. A nivel fisiológico, el corazón aspira e impele a través de movimientos de sístole (contrae y expulsa la sangre hacia los tejidos) y de diástole (relaja y recibe la sangre de los tejidos), favoreciendo la circulación sanguínea por todo el cuerpo. 

Corazón y afectos: salud
El corazón escucha más que oye. Y sobre todo siente. Siente la relación y el vínculo con el otro, mucho más allá de las palabras. Siente si es tratado bien o mal y siente si algo es positivo o negativo. Desde ahí responde y se sitúa en su lugar con una tendencia hacia la contracción o hacia la expansión en función de cómo se siente. Un corazón contraído es un corazón asustado y encogido que no se puede soltar. Desde ese encogimiento más o menos constante en función del miedo que haya o del estrés al que se someta la persona, el corazón, los vasos sanguíneos, las arterias y todo el sistema cardiovascular pueden pasar serias dificultades al bombear la sangre hacia el resto del cuerpo.
¿Por qué se asusta el corazón? Porque no es bien tratado. En función del trato recibido a lo largo del desarrollo humano tenemos un corazón más o menos sano, o más o menos dañado. En alguna medida, todos tenemos el corazón perjudicado en nuestro vínculo afectivo desde nuestra infancia. Ciertamente, el corazón necesita que lo amen para poderse soltar y estar tranquilo. Necesitamos el amor de la madre y del padre para aprender a amarnos a nosotros mismos y para aprender a amar a los otros. Si por las circunstancias y los contextos donde me desarrollo, no puedo mostrar el corazón y lo tengo que proteger, construyo una coraza que acoraza el corazón y sus implicaciones afectivas para que no me hagan daño ni me toquen el daño que llevo dentro. Desde ese miedo de fondo soy un ser desconfiado que siente al mundo como enemigo y hace de tripas corazón. Desde ahí también puedo construir una armadura de orgullo que enfría el corazón y lo mantiene "a salvo", pidiendo afecto o comprensión desde la distancia, la crítica, la dureza y la rigidez. La violencia también nace desde ese encogimiento. Aunque desde ahí pueda parecer un ser fuerte y duro, en realidad soy un ser débil, asustado y potencialmente enfermo.
Asimismo, el corazón es la brújula que marca la orientación y la distancia con respecto al otro en función de cómo nos sentimos tratados. Si sucede algo que nos hiere, los corazones se protegen y las personas se distancian. Por el contrario, si estamos tranquilos los corazones y los afectos pueden conectarse y soltarse al placer afectivo del encuentro con el otro. En efecto, para reparar un corazón perjudicado necesitamos un trato receptivo, humano, cálido, afectuoso, cercano, respetuoso. A nadie se le olvida aquella o aquellas personas que nos trataron desde ahí. El corazón les recuerda siempre, aunque ya no estén aquí. 

A nivel mundial, tanto la primera causa de muerte violenta (suicidio) como la primera causa de muerte no violenta (enfermedades cardiovasculares) tienen que ver con el corazón. Atendiendo a las repercusiones e implicaciones que el corazón trae consigo, algo deben tener que ver las enfermedades cardiovasculares y el suicidio con los afectos y el trato (o maltrato) recibido en nuestro desarrollo. 
A pesar de los datos estadísticos tan concluyentes, las élites políticas, sometidas a las financieras, dedican muy poca energía a tomar medidas serias al respecto. En nuestra sociedad, lo que realmente cuenta es producir, hacer, trabajar: los beneficios y los resultados. Pero ¿para qué si nuestro corazón y nuestros afectos se hallan desamparados? ¿Por qué no atendemos a lo realmente importante para crecer con salud y calidad de vida?
Es prioritario desenterrar el corazón y los afectos para no desorientarnos más de lo que ya estamos. ¿Qué calidad real tienen nuestras relaciones? ¿Cómo nos relacionamos? 
Es necesario recuperar las relaciones humanas auténticas que nutren y dan sentido a la vida. Para ello, no tenemos que buscar fuera, sino mirar dentro, en el corazón de cada uno.



viernes, 15 de noviembre de 2013

Cómo encontrar un buen terapeuta, según Alice Miller...


Teniendo en cuenta la abundancia de ayuda y oferta "terapéutica" que prolifera en nuestra sociedad, cada vez cobra mayor importancia discernir cómo dar con un buen terapeuta. Alice Miller (si no la conoces, aquí tienes una entrevista que le realizaron) lo tenía claro. A continuación transcribo las conclusiones a las que llegó, que aunque podrían ampliarse aún más, comparto plenamente. Dejo constancia de su testimonio en una síntesis que he realizado sobre sus conclusiones:

"A menudo me preguntan cuál es el elemento que considero más importante hoy en día en una terapia. ¿Reconocer la verdad, liberarse de la cárcel del silencio o de la idealización de los padres, o quizás la presencia de un "testigo con conocimiento"?
No creo que se trate de una cosa o de la otra, sino más bien de una cosa tanto como de la otra. Sin la presencia de un "testigo con conocimiento" es imposible soportar la verdad de la infancia. Sin embargo, cuando hablo de un "testigo con conocimiento" no me refiero a alguien que haya estudiado psicología o que haya recuperado sus experiencias primeras con un gurú, de quien después dependiese. Para mí, un "testigo con conocimiento" es esa persona que encontró la fuerza suficiente para enfrentarse a su historia, alcanzó su autonomía y no necesita equilibrar la impotencia que un día reprimió imponiéndose a los demás.
El adulto necesita ayuda para superar la situación que está viviendo, y también para no perder el contacto con ese niño que tanto sufrió y que sabe lo que sucedió; ese niño al que durante tanto tiempo no se ha atrevido a dejar hablar y cuya voz, gracias a que alguien lo acompaña, puede escuchar ahora. El cuerpo sabe todo lo que le ha sucedido, pero no puede expresarlo con palabras. Es como el niño que fuimos una vez, ese niño que lo ve todo pero que está desamparado y se siente impotente sin la ayuda de un adulto. Cuando las emociones regresan del pasado, siempre las acompaña el miedo del niño que se siente en peligro y que depende de la comprensión o, al menos, de la tranquilidad que le proporcionen los adultos. Incluso los padres más confundidos, incapaces de comprender a su hijo porque ignoran su propia historia, pueden proporcionar esta tranquilidad. Pueden aliviar el miedo de su hijo (y también el suyo propio) dándole protección, seguridad y continuidad. Nuestro sistema cognitivo puede hacer lo mismo en un diálogo con nuestro cuerpo.
Alice Miller: encontrar un buen terapeuta
Al contrario del cuerpo, el sistema cognitivo sabe muy poco sobre los sucesos pasados, los recuerdos conscientes son frágiles y falibles. Pero sin embargo, cuenta con un amplio conocimiento, con una inteligencia desarrollada y unas experiencias vitales de las que el niño carece. Como el adulto ya no se siente impotente, puede ofrecerle al niño que lleva dentro (a su cuerpo) protección, comprensión para que pueda articularse a su manera y contar su historia. Gracias a estas historias, los miedos y las emociones del adulto adquieren significado. Al final se narran en un contexto y ya no resultan amenazantes. La víctima ya no se sentirá sola con su historia.
Sé lo complicado que resulta encontrar un buen terapeuta, pero, de todas formas, creo que es posible si usted sabe lo que necesita. A continuación intentaré responder a algunas preguntas que quizás le animen a comprobar la actitud del correspondiente candidato o candidata.



¿Qué necesito para superar esta situación de conflicto?
Necesita usted una persona comprensiva y honesta que le ayude a tomar en serio el conocimiento que posee su cuerpo. Una persona que haya pasado por lo mismo con éxito, porque tuvo la suerte de encontrar la clase de ayuda que usted busca ahora.

¿Cómo puedo saber si el terapeuta es esta clase de persona?
Haciéndole muchas preguntas.

El mero hecho de pensar en ello me espanta. ¿Por qué no me atrevo a hacer preguntas?
Probablemente cuando era niño le castigaban cuando hacía preguntas, porque esas preguntas amenazaban la autoridad de sus padres. Quizás sus preguntas eran ignoradas muchas veces o, en lugar de darle respuestas sinceras, le contaban mentiras. Eso era muy doloroso. Ahora tiene usted miedo de que vuelva a suceder lo mismo. Puede suceder que el terapeuta no le comprenda o que reaccione con miedo o de manera defensiva a sus preguntas, pero usted ya no es el niño indefenso que carece de otras posibilidades. Usted puede irse sin más y buscar otro terapeuta. Puede reconocer que se trata de mentiras, de informaciones confusas o de mecanismos de defensa. Tiene que prestar atención a lo que está escuchando. El terapeuta también necesita una terapia y ése no es su trabajo, porque usted está pagando sus honorarios.

Me siento culpable por mi desconfianza. Si no puedo confiar, nunca lograré saber lo que es bueno para mí...
Su desconfianza tiene una historia y su necesidad de cierto tipo de comprensión también. Seguramente abusaron de su confianza. El niño que usted fue lo sintió con claridad, su cuerpo sabía la verdad. Ese niño no pudo, por lo tanto, desarrollar su confianza. Preste ahora mucha atención a las señales de su cuerpo, porque se trata del niño enmudecido que empieza a hablar y que necesita su ayuda. Si no se siente a gusto con una persona, confíe en sus sentimientos, no los ignore e intente averiguar lo que le molesta. Si usted siente que alguien lo comprende profundamente, su cuerpo se lo hará saber enseguida y de forma clara relajándose sin tener que acudir a estrategias especiales. Quizás el mismo terapeuta le anime a hacerle preguntas. Eso sería una buena señal, pero preste atención, de todos modos, a sus respuestas.
Si la respuesta del terapeuta es agresiva o está a la defensiva u oculta información, podrá ahorrarse mucho tiempo y dinero si se va. Por otra parte, si la respuesta le parece satisfactoria, le animará a seguir preguntando. Y eso es lo que debe hacer. Puede usted apuntarse las preguntas que le parecen importantes y llevarlas consigo a consulta.

¿Qué me está permitido preguntar?
Todo lo que desee saber. Pero sobre todo no olvide preguntarle al terapeuta por su infancia y por sus experiencias a lo largo de sus estudios. ¿Qué piensa sobre sus estudios, sobre sus profesores? ¿Qué le ayudó, qué no le ayudó? ¿Tiene la libertad de ver lo que no estaba bien o protege a las personas que le hicieron daño? ¿Intenta minimizar estos perjuicios o incluso negar su existencia? 
Un buen terapeuta tiene que ayudarle a comprender y a satisfacer sus propias necesidades, que durante tanto tiempo usted ha ignorado; su necesidad de expresarse con libertad, de comprender y ser comprendido, respetado y tomado en serio, su necesidad también de comunicarse abiertamente. Si comienza este proceso y protege al niño, la rabia y el odio desaparecerán poco a poco y un día es probable que deje de atormentarle completamente. La rabia y el odio son señales de alarma que aparecen cuando usted reproduce consigo mismo el abandono y el desprecio que pudo recibir de sus padres. En cuanto comience a reconocer sus propias necesidades y a actuar en consecuencia, ya no necesitará a sus padres para ello y su rabia desaparecerá -tal vez hasta que un nuevo suceso agite las experiencias pasadas almacenadas en el cuerpo-. Pero estos periodos serán cada vez más breves en cuanto permitamos que el cuerpo utilice su propio sistema de regulación.

¿No resultaré indiscreto si hago demasiadas preguntas?
De ninguna manera. Tiene usted el derecho a informarse tanto como sea necesario y el o la terapeuta debe tener el valor, la comprensión y la franqueza de responderle adecuadamente. Si esto no sucede, no será el terapeuta apropiado para usted. Busque la franqueza, la atención, la empatía, el valor y la honestidad".


Si quieres saber más sobre Alice Miller, aquí tienes una entrevista sobre ella...


Bibliografía: MILLER, Alice: "Salvar tu vida. La superación del maltrato en la infancia". Tusquets Editores. 2009



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viernes, 25 de octubre de 2013

Trabajo, profesión y vocación. La búsqueda de la vocación personal



Navegando en internet me impactó la cantidad de chistes y ocurrencias con respecto a la mala relación que mantenemos con los lunes, íntimamente relacionados con el trabajo. Existe incluso un síndrome del lunes también llamado "de la vuelta al trabajo". Como si cada lunes reviviéramos un malestar, en muchos casos traumático. 

¿Qué relación mantenemos con el trabajo que desempeñamos?

Uno de los grandes pilares que sostiene a las sociedades es el trabajo. Cada uno de nosotros se forma en aprender a desarrollar un trabajo, profesión o vocación que nos permita entregar un servicio provechoso a la sociedad. Lo que aportamos a las personas y a la sociedad nos es devuelto en forma de reconocimiento, valor y autoestima en lo que somos capaces de hacer y de dar. Así consolidamos nuestra identidad personal y social.

¿Qué diferencia hay entre trabajo, profesión y vocación?
Trabajo, profesión, vocación

Para aclararnos en esta cuestión he elegido un cuento del s. XVI. En negrita señalo dónde se pronuncia el trabajo, dónde la profesión, y dónde la vocación. El cuento es breve, dice así:

Un día que hacía un sol abrasador, un religioso pasó junto a una enorme obra en construcción. Allí todos estaban deslomándose y sudando, transportando ladrillos de un lado a otro.
Se acercó a un hombre y le preguntó qué estaba haciendo. El hombre, de malos modos le respondió:

-¿Es que no lo ves? Me estoy partiendo la espalda a base de mover ladrillos. (trabajo)

Así que fue a hacerle la misma pregunta a un segundo hombre. Éste tenía una actitud un poco más pacífica que el primero; miró los ladrillos que llevaba en la mano, miró a su interlocutor y dijo:

-Estoy levantando un muro. (profesión)

Luego fue a preguntárselo a un tercer hombre, uno que tenía el gesto amable. Éste dejó en el suelo los ladrillos que llevaba, alzó la vista, se secó el sudor de la frente y con la mayor satisfacción le respondió:

-¿Que qué estoy haciendo? Estoy construyendo una iglesia. (vocación)

Los tres hombres desempeñan exactamente el mismo trabajo. Para captar la diferencia entre ellos habría que preguntarse: ¿desde dónde trabaja cada uno?
El que contesta “¿Es que no lo ves? Me estoy partiendo la espalda a base de mover ladrillos”, simplemente desempeña su trabajo. Trabaja sin más y lo hace de mala gana: el trabajo es un castigo que le impone la vida. Es evidente que su trabajo no le gusta, por tanto lo hace a disgusto.
El que contesta “Estoy levantando un muro” está cumpliendo con su deber. Es un profesional, hace su trabajo y lo hace bien. Cumple con su obligación y cobra su dinero. Está un poco más tranquilo que el primero pero su trabajo tampoco tiene más sentido ni incentivo que el estrictamente económico y profesional.
El que contesta: “¿Que qué estoy haciendo? Estoy construyendo una iglesia” está en contacto con su vocación. Su trabajo tiene un sentido más allá de la inmediatez y la obligación. Él siente su trabajo desde el corazón y está en contacto con el sentido profundo de lo que tiene entre manos.
Parece claro que la vocación es lo que da sentido a nuestra labor profesional porque conecta con aquello que sentimos, incluso más allá de nosotros mismos. Como parece claro también que cada uno desempeña su trabajo en función de cómo está por dentro y de cómo se relaciona consigo mismo y con los demás.

Cuando éramos niños, a todos nos preguntaron alguna vez: “¿y tú qué quieres ser de mayor?”. La pregunta así formulada solía caer como una losa impertinente. Más sentido tendría fijarse en aquello que el niño pone todo el empeño, curiosidad y entusiasmo, para desde ahí, en lugar de hacerle la pregunta le apoyáramos ofreciéndole lo que necesite para que pueda centrarse en ello cuando le apetezca. Un niño, para afianzar su motivación y lo que le sale de dentro, necesita aceptación, apoyo, compañía y reconocimiento en lo que hace. De lo contrario, raramente sostendrá aquello que emprenda; cuando sea mayor, si sopla un viento un poco fuerte abandonará lo que tenía entre manos como hicieron con él.

La realidad actual en cuanto al trabajo, la profesión y la vocación es ciertamente crítica. No voy a redundar en ello porque es evidente. También es cierto que las circunstancias de cada uno son las que son y desde ahí muchas veces no hay más opción que aceptar el trabajo que sea para sobrevivir y tirar adelante. Sin embargo, no quiero dejar de señalar la importancia de hallar la vocación personal como forma de sentirnos realizados, no solo como responsabilidad con uno mismo, sino también con la vida y con la sociedad. Las circunstancias actuales son difíciles, pero en ese sentido siempre lo han sido. Para llegar a la vocación, cada uno tiene la responsabilidad de atravesar los pequeños y grandes muros, dificultades y carencias que más que fuera están dentro. Es necesario que cada uno se dé el tiempo necesario para ir a la búsqueda de su vocación y del sentido que a ese nivel tiene su vida. ¿Te has preguntado alguna vez cuál es tu vocación? Si has logrado responderte y entregarte a ella, seguramente te habrás enfrentado a miedos y obstáculos de todo tipo.

Yo mismo fui un trabajador sin más, desempeñando trabajos por los que no sentía ninguna atracción. Me costaba una barbaridad despertarme y salir de la cama para llegar a mi trabajo puntual. La principal motivación era que pasaran las horas y llegar a fin de mes. Entonces empecé a preguntar y a preguntarme: “¿yo tengo que dedicar la mayor parte del día (de mi vida) a un trabajo que no me gusta?”. Durante una temporada hice varios intentos de formarme en algo que me gustara, pero no encontraba el apoyo necesario y abandonaba a la que aparecía otro estímulo más interesante. Hoy puedo decir que encontré mi vocación: acompañar a las personas a encontrar su verdad a todos los niveles, aquello que hay de genuino en cada uno de nosotros. 

Vaclav Havel decía: “La esperanza no es la convicción de que las cosas saldrán bien, sino la certidumbre de que algo tiene sentido sin importar el resultado final”. Os animo a tener el valor, el coraje y la valentía de enfocaros en encontrar vuestro sentido de la vida, tanto a nivel personal como profesional que es de lo que aquí se trata; sin importar el resultado final. Porque en realidad, si encuentras ese sentido y estás ahí... y pese a las dificultades y frustraciones tienes el apoyo para seguir estando ahí, al final la vida te regala (aunque pueda parecer mentira), aquello que más anhelabas. Eso sí: no va a ser fácil. Si lo consigues, no tendrás que ir a trabajar para ganarte la vida porque ya la tendrás ganada.



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domingo, 20 de octubre de 2013

7 escenas de película que transmiten algo importante. Y un cortometraje en la misma línea: "Locos son los otros"




Ésta es una pequeña selección de 7 escenas de película y un cortometraje que me ha parecido interesante compartir por lo que transmiten. Cada uno, según su filtro, llegará a sus propias conclusiones. 

Si te animas, te invito a que te sumes y compartas en los Comentarios alguna otra escena que consideres en la misma línea de lo que se plantea en esta entrada.


"El indomable Will Hunting"


"Pactar con el diablo"


"Juego de honor"



"De amor se vive"


"El curioso caso de Benjamin Button"


"Mejor... Imposible"


"Matrix"



Cortometraje: "Locos son los otros"



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domingo, 25 de agosto de 2013

Entrevista en Es Radio sobre el libro "SER O NO SER HOMBRE. Viaje a la esencia de la identidad masculina"



Aquí os dejo una entrevista que me realizaron ayer en Es Radio sobre el libro "SER O NO SER HOMBRE. Viaje a la esencia de la identidad masculina", dentro del programa-magazine "Es La Mañana del Fin de semana". Aunque al principio me confunden con el apellido, seguid escuchando, soy yo.


Si quieres saber más sobre cómo conseguir el libro puedes entrar aquí:
"SER O NO SER HOMBRE. Viaje a la esencia de la identidad masculina"


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También puedes enviárselo a algún amig@ que creas que le puede interesar...




martes, 11 de junio de 2013

La felicidad: mito y realidad



Se ha escrito mucho sobre la felicidad. Desde el principo de la civilizacion que se habla de ella como un estado ideal del ser y del estar. Son muchas las fórmulas, recetas e instrucciones que se dan y se publican a diario para llegar a esa especie de paraíso terrenal en que uno es feliz y no siente nada más que "en positivo". Existe toda una industria dentro del llamado "crecimiento personal" que gira alrededor de esa idea. Lo que debes hacer es aplicar unas reglas y métodos: entonces serás feliz. Si no lo consigues, será que te falta "disciplina": necesitas leer y practicar más. Desde ese lugar, las frustraciones suelen ser tan numerosas como los intentos.
En realidad, la felicidad auténtica no se consigue desde la obligación, el esfuerzo y la disciplina. Si así fuera, estaríamos hablando de una felicidad impostada, rígida y temerosa que poco tiene que ver con ella.

La felicidad tampoco es un estado de euforia o exaltación. Yo no consigo la felicidad cuando mi equipo marca un gol o cuando por fin, me toca la lotería. Por supuesto que estaré contento, ¡es una gran noticia!... Tanto en la euforia como en la exaltación, el ingrediente emocional principal es la alegría. Pero no es una alegría pura. A nivel emocional, en estos casos la alegría puede mezclarse con otras tres emociones: la agresión ("¡¡¡por fin tengo lo que quería!!!", "¡¡¿¿por qué tuvo que costarme tanto??!!"); el miedo (me pongo nervioso, no sé qué hacer y me aguanto la alegría que siento, no sea que me la quiten); o con la tristeza (por todas las veces e intentos en que no obtuve lo que quería). Más allá de estos supuestos, la felicidad es otra cosa. La felicidad tiene más que ver con un estado de alegría pura (sin mezclas), y tranquilidad.

¿Qué tiene que suceder para sentirnos alegres y tranquilos?, ¿qué nos produce una alegría que se asienta y nos aporta tranquilidad y bienestar?...
Sabemos que a nivel de relación humana, lo que profundamente nos mueve en la vida son los instintos. En esta entrevista hablo brevemente de ellos. Durante millones de años de evolución, lo que sustenta la vida es el instinto. Sin él no estaríamos aquí. 
Foto: ESPERANÇA URDEIX
A nivel de proceso evolutivo, la alegría es la emoción que sentimos cuando se satisfacen nuestras necesidades instintivas. Sin satisfaccion no hay alegría, y mucho menos felicidad. Cuando esas necesidades no son satisfechas, durante nuestro crecimiento acumulamos en nuestro cuerpo emociones como el miedo, la rabia y la tristeza básicamente, sobre todo cuando no tenemos más remedio que vivirlas en soledad. Si estas emociones pudieran ser acompañadas se transformarían en la tranquilidad que nos permitiría desarrollarnos con garantías saludables. Según las respuestas que recibimos en cada una de nuestras necesidades instintivas, construimos nuestra personalidad. Si básicamente vamos sintiendo que nuestras necesidades son atendidas y cubiertas, o aunque sean frustradas nos acompañan en nuestra frustración, nos iremos vinculando positivamente a las personas, y dentro de nosotros se irá asentando una alegría y una tranquilidad que nos permite vivir la vida en plenitud. Ahí residen los cimientos de la posible felicidad.

En nuestra sociedad, a menudo buscamos la felicidad en la consecución de objetivos, en tener y poseer como prioridad. Es cierto que alguna satisfacción nos da, pero en realidad eso no da sentido a nuestra vida. Tener y alcanzar objetivos es parte de esa felicidad, que no será consistente si no tiene la base del ser en cuanto a cómo nos relacionamos con nosotros mismos y desde ahí con los demás.

El actor Ricardo Darín fue entrevistado hace unos días en la televisión argentina. Te invito a ver este fragmento de video...





Hay un cuento oriental que habla de una reunión de dioses que discuten acerca de dónde esconder las llaves de la felicidad. Tras un largo debate deciden esconderlas en un lugar donde ellos creen que los seres humanos tardarán más en buscar: detrás de su corazón. No hay que ir a ningún lugar a buscarla, está dentro de nosotros. Pero... ¿cómo tenemos nuestro corazón?... ¿cómo está, cómo se siente?... Si entramos en él empezaremos a sentir sus heridas. Tras las heridas está él. Quizás un poco magullado, pero en su sitio, palpitando.

Un día me preguntaron: ¿por qué es tan complicada la relación humana?... Creo que es una pregunta crucial para empezar a ver qué tiene el ser humano dentro para que la relación humana esté como está hoy en día. La respuesta a esa pregunta es responsabilidad de cada uno encontrarla para ver qué hace con ello. Personalmente, si alguna respuesta puedo dar, sería con la siguiente pregunta: ¿cómo ha sido nuestra relación humana desde que somos concebidos hasta nuestros días para que sea tan complicada?... 
Desde las experiencias de cada uno, cada cual ha construido un filtro desde donde ve la realidad: más o menos limpio, o más o menos sucio. Cada uno tiene su filtro. Desde ahí se ve a sí mismo y a los otros. El camino hacia la felicidad tiene que ver con la relacion que tenemos con los otros, A partir de ahí veremos lo que tenemos dentro, y a partir de ahí tendremos la posibilidad de transformar lo que tenemos. Si solo queremos ver la luz del sol nos estaremos mintiendo flagrantemente porque la vida no solo está hecha de sol y de luz. En la vida también hay días lluviosos y nublados. Y a veces nieva. A veces hace un viento terrible. Y a veces incluso la luz del sol nos ciega. La vida está hecha de todo eso y más. A mi modo de ver, la felicidad consiste, una vez vamos madurando, aprendiendo y obteniendo lo que necesitamos, en saber mantenernos enteros en todas las circunstancias. No hay recetas, fórmulas, ni instrucciones. Tan solo personas y experiencias que nos enseñan y nos muestran quienes y cómo somos.

Erich Fromm decía que la mayoría de los seres humanos fingen ser felices, porque si no lo son, parece que sean unos fracasados. A continuación añade que en la vida, lo más importante no es ser feliz. En la vida, lo más importante, es estar vivo. Al fin y al cabo, de eso se trata: de estar vivo con todo lo que la vida significa.



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martes, 4 de junio de 2013

El cuerpo no se equivoca. El lenguaje del cuerpo



Con esta entrada trato de hacer una aproximación a la percepción que tenemos de nuestro cuerpo: ese gran desconocido tantas veces olvidado.

Hasta los 5 o 6 años de edad estamos en contacto directo con nuestro cuerpo. Lo percibimos, lo sentimos, y desde ahí pensamos, aprendemos y nos relacionamos. En esos años el cuerpo es el motor principal desde donde se movilizan todos nuestros recursos. Un niño que se siente contento lo siente y lo expresa con todo su cuerpo. Si está triste por algo que sucede lo siente también desde ahí y lo expresa para obtener lo que necesita. De la misma forma, si tiene miedo también lo sentirá con todo su cuerpo para a continuación buscar la protección de alguien que lo calme. Si se enfada, grita para tratar de hacer ver que hay algo que no le gusta nada. En esos primeros años, la escucha hacia el cuerpo y hacia lo que siente, protagonista principal del desarrollo, es permanente y directa.

De entrada, ese es nuestro patrimonio de millones de años de evolución inteligente. A medida que crecemos y en función de cómo somos tratados en lo que sentimos, nos vamos construyendo en contacto con nuestro cuerpo si somos atendidos, o por contra, en descontacto con nuestro cuerpo, desconectando partes de nosotros mismos que no son aceptadas. Si tengo miedo, por ejemplo, y no se me atiende, el dolor que puedo sentir puede ser tan desesperante si sigo sintiendo ese miedo que a menudo la solución inteligente pasa por desconectar ese miedo (desconectándome también de mi cuerpo).
La referencia y guía para un niño o niña es el cuerpo, donde se inscriben sus necesidades (instintivas) y sus emociones. Desde ahí se pone en relación con aquellos que le acompañan en su crecimiento para obtener lo que necesita. Si lo obtiene, su cuerpo crece alegre y vigoroso. Si no lo obtiene, se le acompaña con respeto para que pueda procesar sus emociones. Estoy sintetizando mucho para que veamos la importancia que tiene el cuerpo en el desarrollo humano. Todas estas cuestiones son muy complejas y habría que ver cada caso particular para enfocarlo adecuadamente. Te invito a que Comentes el artículo si tienes alguna duda o sugerencia.

Pasan los años y soy adulto de pleno derecho. Está claro que si en un momento dado noto algún tipo
de tensión en el cuerpo, algo me quiere decir. Estamos ante el lenguaje del cuerpo. El cuerpo habla, me comunica, y a continuación, a medida que voy creciendo e incorporando capacidades cognitivas, le voy añadiendo pensamiento y palabra. El cuerpo se relaciona directamente desde las percepciones y las sensaciones, ése es su lenguaje universal. Me dice: "oye, que estoy aquí... no estoy bien, atiéndeme...". A veces es un susurro que se hace presente como un eco de fondo. Otras veces es más claro: "basta, no podemos seguir así". Si seguimos sin atenderlo, entonces duele y puede recurrir a la somatización y a la enfermedad para que lo atendamos.
El lenguaje del cuerpo
En mi huerto observo cómo a veces una planta enferma: le salen manchas, pierde vigor y color... Como le sucede a un niño de pocos meses, no me puede decir lo que le pasa. Soy yo quien debe averiguar qué le está faltando para ofrecérselo. Es evidente que algo de lo que necesita no lo está obteniendo. A simple vista muestra síntomas que si no atiendo pueden ir a peor.

El cuerpo humano no permite que no se le escuche. Escucharle significa atender a sus necesidades, sentirse, percibirse y atender a las sensaciones. ¿Qué necesitamos para ello?... Tiempo. Parar. En lugar de eso muchas veces seguimos adelante a ritmos acelerados sin tiempo de parar a escucharnos. Para crecer saludablemente necesitamos tiempo para estar con el conflicto y las emociones que surgen. Lo más fácil en estos casos es la medicación cotidiana, acabando de un plumazo con los conflictos creyendo que aquello está resuelto.

En función de las experiencias vividas, a medida que crecemos vamos creando circuitos psico-corporales interrelacionados entre sí, y aprendemos a sentir y a pensar en función de esos patrones.
En el cuerpo está inscrita nuestra historia: a nivel celular, en el sistema nervioso, en el vegetativo, en el aparato esquelético-muscular, en la postura. Cada postura y posición corporal actual tiene una forma que incorpora la realidad que cada uno ha vivido. En función de la postura y las respectivas tensiones obtenemos una estructura de carácter definida que sostiene nuestra forma de ser y de relacionarnos. Cuerpo y carácter van de la mano, son inseparables. Si de alguna forma están disociados, por nuestro bien tenemos la responsabilidad de volverlos a asociar. Conozco el caso cercano de una persona que ante un dolor de la zona posterior de la pierna (musculatura isquiotibial), afirmaba que lo único que podía hacer para que se le quitara ese dolor tan terrible era cortarse la pierna. Lo mismo afirmaba otra afectada por migrañas, en relación a su cabeza.

Cuando somos adultos, en gran medida hemos desconectado las repercusiones afectivo-emocionales que comporta el grado de tensión y dolor que llevamos incorporado, con su correspondiente carga emocional. Como si detrás del dolor que es el síntoma, no pudiéramos plantearnos qué más hay. Cada tensión tiene un sentido y un significado. Soltar esa tensión y empezar a sentirla es el principio de la reparación de nuestra historia, tanto a nivel de carácter como a nivel corporal. El paulatino desbloqueo de la coraza que nos insensibiliza nos va acercando a nosotros mismos, y en consecuencia, nos acerca de una forma más genuina y auténtica a los otros, y a la vida.

Poco a poco y aunque cueste, van quedando atrás los antiguos paradigmas que consideraban el cuerpo como una máquina que si no funciona bien, tan solo hay que cambiarle una pieza por otra y asunto resuelto. La vanguardia de la ciencia nos dice que todo está conectado, que no estamos ante una causa-efecto, sino ante varias causas que producen uno o varios efectos. La cuestión aquí será discernir el orden jerárquico de las causas. Desde mi experiencia terapéutica compruebo día a día cómo en el fondo, lo que de una manera u otra nos perjudica y afecta para bien y para mal, tiene sus causas enraizadas en nuestra vida instintivo-emocional y en cómo desde ahí nos hemos relacionado y nos relacionamos.


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jueves, 30 de mayo de 2013

Más allá de las inteligencias múltiples. La inteligencia instintivo-emocional, simbólica, concreta y formal en el desarrollo humano



Hace ya unos años Howard Gardner publicó su libro "Las inteligencias múltiples", donde recopila las diferentes capacidades inteligentes que cada uno de nosotros disponemos. En síntesis, viene a decirnos que en función de nuestra genética y de las respuestas que recibimos del ambiente, desarrollamos más un tipo de inteligencia u otra. En su libro reúne 8 tipos de inteligencia: lingüística, musical, lógico-matemática, manual-kinésica, naturalista, visual-espacial, intrapersonal e interpersonal. Todas ellas son especializaciones de la inteligencia que acompañan y permiten el desarrollo de nuestras capacidades innatas en relación con las respuestas que recibimos del entorno.

Pero vayamos un poco más allá y veamos dónde se sustentan esos 8 tipos de inteligencia... 
Sabemos que la inteligencia es la capacidad que todos tenemos de resolver los problemas y retos que la vida nos plantea. La inteligencia nos permite comprender y entender los problemas para a continuación tratar de resolverlos. Sabemos también que la inteligencia por sí sola no podría existir. Hasta ahora no se ha observado ningún cerebro o ente andante que camine y piense sin base que lo sustente.
¿Cuál es la base que sustenta la inteligencia? ¿Dónde se enraíza la inteligencia?... Es evidente que en el cuerpo. Sin cuerpo no hay lugar donde la inteligencia pueda ser posible. En los seres humanos y en los animales (mamíferos, aves, reptiles,...) es muy claro. Los seres humanos son inteligentes. Los animales son inteligentes.

Existe un tipo de inteligencia que pone en común a todos los seres vivos que pueblan la tierra; una inteligencia que nos acompaña desde los inicios de la vida y sin la cual no estaríamos aquí: la inteligencia instintivo-emocional, senso-perceptiva y motora. ¿Acaso no hay una inteligencia primera que a nivel profundo nos acerca o nos aleja de lo que necesitamos, nos contrae o nos expande ante un hecho externo que sucede, nos permite percibir si algo es bueno o malo y nos permite tener percepciones y sensaciones para desde ahí situarnos ante ese estímulo?... ¿Y todo ello dónde se enraíza, de dónde parte?... Se enraíza en el cuerpo y parte del instinto y de sus reacciones emocionales.
Inteligencias múltiples
La inteligencia instintivo-emocional, senso-perceptiva y motora nos sitúa en la realidad inmediata. No hay tiempo para pensar, es la inteligencia del momento, del ahora. En el ser humano, hasta el primer o segundo año de vida no dispongo de otra inteligencia que ésa. Recordemos que desde que soy concebido dentro del cuerpo de mi madre registro las primeras experiencias que se sitúan en el núcleo más profundo de la personalidad. Desde ese momento funcionamos con esa inteligencia; esa inteligencia nos va a acompañar el resto de nuestros días, siempre va a estar ahí gobernando de una manera u otra, resonando de fondo y orientándonos hacia lo que necesitamos. En función de las respuestas que reciba cuando tan solo dispongo de esa inteligencia, la tendré más (o menos) desarrollada, más (o menos) eficiente y más (o menos) disponible. Desde esa inteligencia desarrollo las demás inteligencias que se van superponiendo en el desarrollo. 

A partir de los dos años aproximadamente voy aprendiendo a comunicarme a través del lenguaje. Se incorpora una nueva inteligencia que se superpone a la anterior: la inteligencia simbólica. Desde esa inteligencia puedo empezar a representarme que si mi madre se va, aunque me duela, sé que en algún momento volverá. Antes, esa operación no la podía realizar. En ese momento se despliega una capacidad inventiva y creativa impresionante en el niño. Todo es posible.
A partir de los cinco años (a veces antes) irrumpe la inteligencia de las operaciones concretas. En síntesis, utilizamos esa inteligencia para ordenar y aplicar la lógica a los hechos. Es entonces cuando asocio unas cosas con otras según el peso, el tamaño, el volumen; separo, clasifico, formo conjuntos,... En definitiva, trato de ordenar el mundo para entenderlo un poco mejor.
A partir de la pubertad se incorpora la inteligencia de las operaciones formales. Sobre las demás inteligencias se desarrolla un pensamiento de tipo hipotético-deductivo. Desde ese momento puedo empezar a formular hipótesis sobre lo que sucede en la realidad sin que yo esté en esa realidad. 

En fin, podríamos alargarnos mucho porque es un tema realmente apasionante que necesita de mucho tiempo y espacio... Para acabar, simplemente subrayar que la inteligencia más potente que tenemos porque es la más directamente conectada a la vida, al instinto, al cuerpo, a la emoción, a la sensación, a la percepción, etcétera, es la inteligencia instintivo-emocional, senso-perceptiva y motriz: la primera inteligencia que se desarrolla en nosotros y común a todos los seres vivos. Sobre ella se construyen todas las demás.

Las cuatro inteligencias que he nombrado forman parte del desarrollo humano y son la base para entender la especialización de las inteligencias que una vez somos adultos desarrollamos, como señala Howard Gardner en su obra "Las inteligencias múltiples".


Bibliografía: COSTA, Marc: Módulo de Desarrollo Humano 1. Edición interna de la Escuela de Terapia de Integración Psico-Corporal. 2002


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martes, 9 de abril de 2013

Selección de 7 cuentos breves de sabiduría oriental (para reflexionar)




José Saramago decía: ¿Y si las historias para niños fueran de lectura obligatoria para adultos?, ¿seríamos realmente capaces de aprender lo que desde hace tanto tiempo venimos enseñando...?...
Desde esa base presento esta selección de 7 cuentos breves de sabiduría oriental para que cada uno extraiga sus propias conclusiones, y para que los adultos reconectemos con la sabiduría y la magia de todo el aprendizaje que nos siguen aportando los cuentos.

Vale la pena leerlos con calma y detenimiento. Se recomienda aparcar la prisa y darse una pausa entre un cuento y el siguiente...


LA FARMACIA

Nasrudín estaba sin trabajo y preguntó a algunos amigos a qué profesión podía dedicarse. Ellos le dijeron:
-A ver Nasrudín... Tú eres un hombre muy capaz y sabes mucho sobre las propiedades medicinales de las hierbas. Podrías abrir una farmacia..
Nasrudín volvió a su casa, le estuvo dando vueltas a la cuestión durante unos días, y finalmente se dijo: "Sí, es una buena idea, creo que soy capaz de ser farmacéutico". Claro que Nasrudín estaba pasando por una época en la que deseaba ser muy prominente e importante. "No solo abriré una
farmacia que se ocupe de
hierbas. Abriré un establecimiento enorme y produciré un gran impacto...".
Cuentos orientales

Entonces compró un local, instaló los estantes y vitrinas, y cuando llegó el momento de pintar la fachada colocó un andamio, lo cubrió con sábanas, y se puso a trabajar sin que nadie pudiera ver nada. A nadie le dejó ver cómo estaba pintando la fachada y qué nombre pondría a la farmacia.
Después de unos días distribuyo panfletos que decían: "Mañana es el gran día. Inauguración: mañana a las 9".

Todas las personas del pueblo y de los pueblos de los alrededores vinieron y se concentraron expectantes frente a la farmacia.
A las 9 en punto salió Nasrudín y, con gesto teatral, sacó la sábana que cubría la fachada de la tienda. La gente que allí estaba vio un gran cartel que decía:

"FARMACIA CÓSMICA Y GALÁCTICA DE NASRUDÍN"

Debajo, con letras más pequeñas: "Armonizada con influencias planetarias".

La gran mayoría de personas que asistieron a la inauguración quedaron muy impresionadas. Aquel día hizo mucho negocio, la gente no dejaba de comprar. Por la tarde el maestro de la escuela del pueblo le visitó y le dijo:
-Francamente Nasrudín, estas afirmaciones que usted hace son un poco dudosas...
-¿Dudosas por qué? -respondió Nasrudín-.
-Eso de cósmica y galáctica, y armonizada con influencias planetarias, francamente...
-No, no, no, no... -dijo Nasrudín- Todas las afirmaciones que yo hago sobre las influencias planetarias son absolutamente ciertas. Cuando sale el sol, abro la farmacia. Cuando el sol se pone, la cierro.


PERLAS DE SABIDURÍA

Había una vez en el lejano Oriente un hombre considerado muy sabio. Un joven viajero decidió visitarle para aprender de él.
-Maestro, me gustaría saber cómo llegar a ser tan sabio como usted...

-Es realmente sencillo, -le dijo- yo solo me dedico a descubrir perlas de sabiduría. ¿Ves aquel gran baúl de perlas?
-Sí.
-Son todas las que he acumulado durante mi vida.
-Sí pero... ¿dónde puedo encontrarlas?
-Están en todas partes. Es cuestión de aprender a discernirlas. La sabiduría siempre está preparada para quien esté dispuesto a tomarla. Es como una planta que nace dentro del hombre, evoluciona dentro de él, se nutre de otros hombres y da frutos que alimentan a otros hombres.
cuentos orientales
-Aaahhhhh, ya, ya.... Lo que me está diciendo es que tengo que ir descubriendo lo que hay de sabio en cada
persona para crear mi propia sabiduría y compartirla con los demás...

En aquel momento, las palabras de aquel joven parecía como si se fueran formando una pequeña nube de vapor de agua que se condensaba hasta solidificarse en una pequeña perla. Inmediatamente el maestro la recogió para ponerla junto al resto de perlas.
El maestro le dijo:
-Realmente, mi única sabiduría es recopilar estas perlas para después saber utilizarlas en el momento oportuno.



AFILAR EL HACHA

En cierta ocasión, un joven llegó a un campo de leñadores con el propósito de obtener trabajo. Habló con el responsable y éste, al ver el aspecto y la fortaleza de aquel joven, lo aceptó sin pensárselo y le dijo que podía empezar al días siguiente.

Durante su primer día en la montaña trabajó duramente y cortó muchos árboles.
El segundo día trabajó tanto como el primero, pero su producción fue escasamente la mitad del primer día.
El tercer día se propuso mejorar su producción. Desde el primer momento golpeaba el hacha con toda su furia contra los árboles. Aun así, los resultados fueron nulos.

Cuando el leñador jefe se dio cuenta del escaso rendimiento del joven leñador, le preguntó:
-¿Cuándo fue la última vez que afilaste tu hacha?
El joven respondió:
-Realmente, no he tenido tiempo... He estado demasiado ocupado cortando árboles...


EL ÁRBOL QUE NO SABÍA QUIEN ERA

Había una vez en un lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, un jardín esplendoroso con árboles de todo tipo: manzanos, perales, naranjos, grandes rosales,... Todo era alegría en el jardín y todos estaban muy satisfechos y felices. Excepto un árbol que se sentía profundamente triste. Tenía un problema: no daba frutos.
-No sé quién soy... -se lamentaba-.
-Te falta concentración... -le decía el manzano- Si realmente lo intentas podrás dar unas manzanas buenísimas... ¿Ves qué fácil es? Mira mis ramas...
-No le escuches. -exigía el rosal- Es más fácil dar rosas. ¡¡Mira qué bonitas son!!
Desesperado, el árbol intentaba todo lo que le sugerían. Pero como no conseguía ser como los demás, cada vez se sentía más frustrado.

Un día llegó hasta el jardín un búho, la más sabia de las aves. Al ver la desesperación del árbol exclamó:
-No te preocupes. Tu problema no es tan grave... Tu problema es el mismo que el de muchísimos seres sobre la Tierra. No dediques tu vida a ser como los demás quieren que seas. Sé tú mismo. Conócete a ti mismo tal como eres. Para conseguir esto, escucha tu voz interior...
¿Mi voz interior?... ¿Ser yo mismo?... ¿Conocerme?... -se preguntaba el árbol angustiado y desesperado-. Después de un tiempo de desconcierto y confusión se puso a meditar sobre estos conceptos.

Cuentos orientales
Finalmente un día llego a comprender. Cerró los ojos y los oídos, abrió el corazón, y pudo escuchar su voz interior susurrándole:
"Tú nunca en la vida darás manzanas porque no eres un manzano. Tampoco florecerás cada
primavera porque no eres un rosal. Tú eres un roble. Tu destino es crecer grande y majestuoso, dar nido a las aves, sombra a los viajeros, y belleza al paisaje. Esto es quien eres. ¡Sé quien eres!, ¡sé quien eres!..."

Poco a poco el árbol se fue sintiendo cada vez más fuerte y seguro de sí mismo. Se dispuso a ser lo que en el fondo era. Pronto ocupó su espacio y fue admirado y respetado por todos.
Solo entonces el jardín fue completamente feliz. Cada cual celebrándose a sí mismo.


LAS LLAVES DE LA FELICIDAD

En una oscura y oculta dimensión del Universo se encontraban reunidos todos los grandes dioses de la antigüedad dispuestos a gastarle una gran broma al ser humano. En realidad, era la broma más importante de la vida sobre la Tierra.
Para llevar a cabo la gran broma, antes que nada, determinaron cuál sería el lugar que a los seres humanos les costaría más llegar. Una vez averiguado, depositarían allí las llaves de la felicidad.

-Las esconderemos en las profundidades de los océanos -decía uno de ellos-.
-Ni hablar -advirtió otro-. El ser humano avanzará en sus ingenios científicos y será capaz de encontrarlas sin problema.
-Podríamos esconderlas en el más profundo de los volcanes -dijo otro de los presentes-.
-No -replicó otro-. Igual que sería capaz de dominar las aguas, también sería capaz de dominar el fuego y las montañas.
-¿Y por qué no bajo las rocas más profundas y sólidas de la tierra? -dijo otro-.
-De ninguna manera -replicó un compañero-. No pasarán unos cuantos miles de años que el hombre podrá sondear los subsuelos y extraer todas las piedras y metales preciosos que desee.
-¡Ya lo tengo! -dijo uno que hasta entonces no había dicho nada-. Esconderemos las llaves en las nubes más altas del cielo.
-Tonterías -replicó otro de los presentes-. Todos sabemos que los humanos no tardarán mucho en volar. Al poco tiempo encontrarían las llaves de la Felicidad.

Un gran silencio se hizo en aquella reunión de dioses. Uno de los que destacaba por ser el más ingenioso, dijo con alegría y solemnidad:
-Esconderemos las llaves de la Felicidad en un lugar en que el hombre, por más que busque, tardará mucho, mucho tiempo de suponer o imaginar...
-¿Dónde?, ¿dónde?, ¿dónde? -preguntaban con insistencia y ansiosa curiosidad los que conocían la brillantez y lucidez de aquel dios-.
-El lugar del Universo que el hombre tardará más en mirar y en consecuencia tardará más en encontrar es: en el interior de su corazón.

Todos estuvieron de acuerdo. Concluyó la reunión de dioses. Las llaves de la Felicidad se esconderían dentro del corazón de cada hombre.

Te invito a leer un artículo sobre la felicidad: clic aquí


CRUZANDO EL RÍO

Un anciano maestro zen y dos discípulos andaban en paz y silencio por un largo camino. Hacia el miediodía llegaron a un río y vieron a una chica muy guapa sentada tranquilamente con los pies puestos en el agua. La chica contemplaba receptiva y seductora a los tres caminantes.
Los dos discípulos empezaron a mostrarse nerviosos ante tanta belleza. Los dos quedaron embelesados por el atractivo radiante del cuerpo de la chica y por la brillantez de su mirada. Poco a
poco se fueron acercando, dejando al maestro en un segundo plano. 
Ella, con actitud seductora, les miró y les dijo:
-¿Quién de los dos podría ayudarme a cruzar el río?...
Los dos muchachos se miraron y dirigieron un gesto interrogando al maestro que observaba lo que estaba pasando. El maestro lanzó una mirada profunda a cada uno de ellos sin decir nada. Después de un largo y tenso minuto de dudas, uno de los discípulos avanzó, y cogiendo a la mujer en brazos, la ayudó a cruzar el río entre sonrisas, caricias y mucha complicidad.
Una vez llegaron al otro lado del río se dieron un beso tierno y se despidieron sin dejar de mirarse. El joven se dio media vuelta y continuó el camino con el otro discípulo y el maestro.

El discípulo que se había quedado junto al maestro no dejaba de lanzar interrogadoras miradas al silencioso e impasible anciano que solo observaba. Pasaban las horas mientras avanzaban silenciosos por las montañas y valles. El discípulo que no había cruzado el río junto a la muchacha, realmente lo estaba pasando muy mal. Pero no decía nada.
Por la noche, cuando llegaron a casa, sus movimientos delataban su estado interno: se quemaba con el fuego que encendía, se le caía el vaso de agua que sostenía entre sus manos, tropezaba con la raíz de un árbol del jardín... Su mirada siempre encontraba el rostro impasible y ecuánime del anciano, que lo observaba sin emitir juicio ni palabra. 

Tres días después, la tensión llegó a ser tan dura, que el chico se dirigió hacia el maestro y le dijo con rabia: 
-¿Por qué no le has dicho nada a mi hermana, que rompiendo las reglas de la sobriedad ha encendido el fuego del erotismo con aquella chica del río?, ¡¿por qué?!, ¡¿por qué no le has dicho nada?!... ¡¡Y no me digas que la respuesta está en mi interior porque ya no puedo escuchar ni ver nada con claridad!!, ¡necesito entender!, dame una respuesta, por favor.
El anciano, dedicándole una mirada integral de rigor y benevolencia, le respondió con serenidad y contundencia:
-Tu hermano ha tomada la mano de aquella mujer a un lado del río, y la ha soltado cuando ha llegado al otro lado. Tú has tomado la mano de aquella mujer a un lado del río, y aún no la has soltado.


EL CIELO Y EL INFIERNO

En un reino lejano de Oriente se encontraban dos amigos que tenían la curiosidad y el deseo de saber sobre el Bien y el Mal. Un día se acercaron a la cabaña del sabio Lang para hacerle algunas preguntas. Una vez
Cuentos orientales
dentro le preguntaron:
-Anciano díganos: ¿qué diferencia hay entre el cielo y el infierno?...
El sabio contestó:

-Veo una montaña de arroz recién cocinado, todavía sale humo. Alrededor hay muchos hombres y mujeres con mucha hambre. Los palos que utilizan para comer son más largos que sus brazos. Por eso cuando cogen el arroz no pueden hacerlo llegar a sus bocas. La ansiedad y la frustración ca
da vez van a más.
Más tarde, el sabio proseguía:
-Veo también otra montaña de arroz recién cocinado, todavía sale humo. Alrededor hay muchas personas alegres que sonríen con satisfacción. Sus palos son también más largos que sus brazos. Aun así, han decidido darse de comer unos a otros.


Si te han gustado, seguramente también te interese este artículo en el que se recogen 7 escenas de película  y un cortometraje que transmiten algo importante: clic aquí



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martes, 2 de abril de 2013

Consultas psicológicas, emocionales y de relación (ayuda online). Orientación


Ayuda online

Éste es un espacio destinado exclusivamente a ti que tienes alguna inquietud relacionada con tu estado psicológico, emocional o de relación con alguien. Podríamos llamarle también un espacio de Ayuda online.

Cualquier duda o cuestión que te inquiete, te preocupe y quieras compartir, puedes hacerlo aquí más abajo en los Comentarios. Personalmente te responderé lo antes que me sea posible, para que te puedas orientar y aclarar un poco con lo que te pasa.

De esta forma, con la pregunta que tú formulas y con la respuesta que yo ofrezco, igual que te sirve a ti le puede servir también a otros lectores que se acerquen por aquí. Si no te quedó clara mi respuesta, podemos alargar el diálogo introduciendo un nuevo Comentario.

Te recomiendo que guardes esta entrada en tus Favoritos para volver más adelante a consultar la respuesta.

Muchas gracias a todos y todas por participar y por ayudar a enriquecer un poco más este espacio.



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También puedes enviársela a alguien que le pueda interesar.


Entradas relacionadas: la Terapia de Integración Psico-Corporal, ¿Qué es la Psicoterapia Breve?


El mito de la caverna de Platón y el proceso psicoterapéutico de carácter profundo... (¿qué significa empezar terapia?)



Hace unos 25 siglos, Platón describía una escena referencial: la alegoría del Mito de la Caverna. Desde que conocí este relato (hace ya unos años), algo me transformó. Por la relación directa que a menudo se establece con las vivencias que experimenta la persona que inicia un proceso psicoterapéutico a medida que descubre su verdad profunda.

Como se observa en la imagen, Platón reúne en una caverna a unos hombres que desde su nacimiento crecen encadenados de cuello y piernas. A lo largo de sus vidas, lo único que pueden ver son las sombras que sucesivamente se proyectan en el fondo de la caverna. No pueden ver nada más ya que detrás tienen un muro que no les permite girarse. Solo les es posible mirar al frente. Detrás y por encima del muro hay una hoguera encendida. Entre la hoguera y los hombres encadenados, unas figuras en forma de objetos y animales sujetadas por otros hombres son proyectadas en forma de sombras al fondo de la caverna. Los hombres encadenados tan solo pueden ver las sombras.

Platón plantea: "...qué pasaría si una de las personas encadenadas fuese liberada y pudiese ver que tras de sí, hay otros hombres que como fantasmas sostienen unas figuras, y tras ellos una hoguera...". La realidad de aquel hombre cambiaría por completo. Las apariencias darían paso a una realidad completamente distinta a la que hasta ahora conocía.
A partir de ahí plantea: "...y qué pasaría si a continuación ese hombre fuese conducido hacia el exterior de la caverna y pudiese ver la luz del día, los árboles, el cielo, las nubes, otros hombres, etcétera...". Sin duda, el hombre pasaría por un tiempo de desorientación y trasvalse: su visión del mundo cambiaría por completo.

A continuación Platón da una vuelta de tuerca más: "...qué pasaría si el prisionero liberado fuese conducido de nuevo hacia el interior de la caverna y quisiera liberar a sus antiguos compañeros...". Se reirían de él, se burlarían, le harían creer que se ha vuelto loco. Si el prisionero liberado tratara de desencadenarlos y acompañarlos hacia el exterior de la caverna para que pudieran ver la realidad de la vida, éstos incluso podrían llegar a matarlo a la menor oportunidad que tuvieran.
El mito de la caverna y la terapia

A partir de lo expuesto quiero hacer una reflexión sobre las vías de conexión que hay entre esta alegoría de la caverna y lo que representa iniciar un proceso psicoterapéutico de carácter profundo. Intentaré ser lo más sintético posible.
Los hombres encadenados no se pueden mover, no pueden ver más allá de lo que los "prisioneros" quieren que vean. Están bajo su control. Desde su nacimiento, sus impulsos instintivos están reprimidos, controlados y subyugados. El muro tras de sí les ha impedido ver su propia historia y conocer los sentidos y significados de lo que hoy son como personas. La hoguera representa la luz dentro de la oscura caverna. Los prisioneros viven en una mentira que creen y sienten como verdadera. No han visto más que eso, no tienen otra referencia. En alguna medida, así estamos todos antes de plantearnos iniciar algún tipo de proceso de transformación. Y así, muchas veces, llega la persona a terapia. Si llega. La mayoría prefieren, como muestra la alegoría, continuar viviendo en lo conocido, sobreadaptados. Es necesaria una buena dosis de osadía y valentía para dar ese paso. Cuando la realidad aprieta, muchas veces no hay más elección.
Un prisionero es liberado y empieza a ver el engaño, el sentido y los motivos de lo que vivió durante toda su vida. Cuando alguien le libera y puede ver el fuego encendido y los objetos que provocan sombras, algunas preguntas empiezan a encontrar respuesta: ¿qué había tras de mí? ¿Qué había tras las sombras? ¿Por qué veía lo que veía? ¿Por qué sentía lo que sentía? ¿Por qué estuve tan perdido?, ¿Por qué la vida me parecía tan monótona, aburrida y carente de sentido?... La luz de la hoguera le permite ver la realidad tal como es, aún dentro de la oscuridad de la caverna, aún dentro de la propia historia sin desvelar. A partir de ahí se despliegan cantidad de vías para continuar creciendo de una forma más humana. Los hombres fantasmáticos que sostienen las figuras de objetos y animales son las personas que nos vamos encontrando que tan inconscientes como nosotros nos muestra la proyección de sus propias sombras. Tan cerca como están -solo les separa un muro-, pero no se pueden comunicar ni relacionar, no se pueden ver ni mirar. No se pueden encontrar.

En el siguiente movimiento, el liberado pasa por un túnel estrecho semejante al canal del parto antes de ver la luz del día. El camino ha sido duro, las impresiones le han trasvalsado, el ponerse en duda a sí mismo y a los otros le hace ver la realidad en todo su esplendor. Cuando el hombre vuelve hacia su familia y antiguos compañeros para hacerles ver que ahí fuera hay vida y que las cosas no son como creen, éstos se burlan de él, piensan que está mal y que se ha vuelto loco. 
El prisionero ya no lo es. Y ahora que sabe lo que hay ahí fuera, ni puede ni quiere volver atrás. La vida le empuja hacia la vida. Asume su responsabilidad, toma las riendas y sale fuera de la caverna para encontrar aquello que le hace conectarse a la vida. Desde el momento de la liberación primera, cada uno decide hasta dónde quiere llegar. Unos llegan más lejos, otros se quedan antes. La decisión pertenece a cada cual. Así sucede a menudo y así se experimenta cuando uno se embarca en un proceso psicoterapéutico profundo de carácter psico-corporal .

Te dejo con un vídeo de reciente creación que se asemeja al trasfondo de lo que pretende transmitir el Mito de la Caverna...



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