viernes, 25 de octubre de 2013

Trabajo, profesión y vocación. La búsqueda de la vocación personal



Navegando en internet me impactó la cantidad de chistes y ocurrencias con respecto a la mala relación que mantenemos con los lunes, íntimamente relacionados con el trabajo. Existe incluso un síndrome del lunes, también llamado "de la vuelta al trabajo". Como si cada lunes reviviéramos un malestar, en muchos casos traumático. Vamos a reflexionar sobre ello, y a diferenciar lo que es trabajo, lo que es profesión, y lo que es vocación

¿Qué relación mantenemos con el trabajo que desempeñamos?

Uno de los grandes pilares que sostiene a las sociedades es el trabajo. Cada uno de nosotros se forma en aprender a desarrollar un trabajo, profesión o vocación que nos permita entregar un servicio provechoso a la sociedad. Lo que aportamos a las personas y a la sociedad nos es devuelto en forma de reconocimiento, valor y autoestima en lo que somos capaces de hacer y de dar. Así consolidamos nuestra identidad personal y social.

¿Qué diferencia hay entre trabajo, profesión y vocación?
Trabajo, profesión, vocación

Para aclararnos en esta cuestión he elegido un cuento del s. XVI. En negrita señalo dónde se pronuncia el trabajo, dónde la profesión, y dónde la vocación. El cuento es breve, dice así:

Un día que hacía un sol abrasador, un religioso pasó junto a una enorme obra en construcción. Allí todos estaban deslomándose y sudando, transportando ladrillos de un lado a otro.
Se acercó a un hombre y le preguntó qué estaba haciendo. El hombre, de malos modos le respondió:

-¿Es que no lo ves? Me estoy partiendo la espalda a base de mover ladrillos. (trabajo)

Así que fue a hacerle la misma pregunta a un segundo hombre. Éste tenía una actitud un poco más pacífica que el primero; miró los ladrillos que llevaba en la mano, miró a su interlocutor y dijo:

-Estoy levantando un muro. (profesión)

Luego fue a preguntárselo a un tercer hombre, a uno que tenía el gesto amable. Éste dejó en el suelo los ladrillos que llevaba, alzó la vista, se secó el sudor de la frente y con la mayor satisfacción le respondió:

-¿Que qué estoy haciendo? Estoy construyendo una iglesia. (vocación)

Los tres hombres desempeñan exactamente el mismo trabajo. Para captar la diferencia entre ellos habría que preguntarse: ¿desde dónde trabaja cada uno?
El que contesta “¿Es que no lo ves? Me estoy partiendo la espalda a base de mover ladrillos”, simplemente desempeña su trabajo. Trabaja sin más, lo hace de mala gana y está a la que salta: el trabajo es un castigo que le impone la vida. Es evidente que su trabajo no le gusta, por tanto lo hace a disgusto.
El que contesta “Estoy levantando un muro” está cumpliendo con su deber. Es un profesional, hace su trabajo y lo hace bien. Cumple con su obligación y cobra su dinero. Está un poco más tranquilo que el primero pero su trabajo tampoco tiene más sentido ni incentivo que el estrictamente económico y profesional.
El que contesta: “¿Que qué estoy haciendo? Estoy construyendo una iglesia” está en contacto con su vocación. Su trabajo tiene un sentido más allá de la inmediatez y la obligación. Él siente su trabajo desde el corazón, está abierto a la relación humana, y está en contacto con el sentido profundo de lo que tiene entre manos.
Parece claro que la vocación es lo que da sentido a nuestra labor profesional porque conecta con aquello que sentimos, incluso más allá de nosotros mismos. Como parece claro también que cada uno llega a un trabajo y lo desempeña en función de cómo está por dentro, en función de cómo se relaciona consigo mismo y con los demás.

Cuando éramos niños, a todos nos preguntaron alguna vez: “¿y tú qué quieres ser de mayor?”. La pregunta así formulada cae como una losa impertinente. Más sentido tendría que nos fijáramos en aquello en que el niño pone todo su empeño, curiosidad y entusiasmo, para desde ahí, en lugar de hacerle la pregunta, le apoyáramos en eso; ofreciéndole lo que necesite para que pueda centrarse, cada vez que le apetezca, en aquello que más le gusta. Un niño, para afianzar su motivación y lo que le sale de dentro, necesita aceptación, apoyo, compañía y reconocimiento en lo que hace. De lo contrario, raramente podrá sostener aquello que emprende; cuando sea mayor, en cuanto emprenda algo que para él sea importante, a la que sople un viento un poco fuerte abandonará lo que tenía entre manos como hicieron con él.

La realidad actual en cuanto al trabajo, la profesión y la vocación es ciertamente crítica. No voy a redundar en ello porque es evidente. También es cierto que las circunstancias de cada uno son las que son, y desde ahí muchas veces no hay más opción que aceptar el trabajo que sea para sobrevivir y tirar adelante. Aun así, no quiero dejar de señalar la importancia que tiene la búsqueda personal de la vocación como forma de sentirnos realizados, no solo como responsabilidad de cada uno consigo mismo, sino también con la vida. Las circunstancias actuales son difíciles, sí. Pero en ese sentido siempre lo han sido. Para llegar a la vocación, cada uno tiene la responsabilidad de atravesar los pequeños y grandes muros, dificultades y carencias que más que fuera, están dentro. Ahora más que nunca es necesario que cada uno se dé el tiempo necesario para ir a la búsqueda de su vocación, del sentido que tiene a ese nivel su vida. ¿Te has preguntado alguna vez cuál es tu vocación? Si has logrado responderte y entregarte a ella, seguramente te habrás enfrentado a muchos miedos.

Yo mismo fui un trabajador sin más, desempeñando trabajos por los que no sentía ninguna atracción. Al contrario, los hacía de mala gana. Me costaba una barbaridad despertarme y salir de la cama para llegar a mi trabajo puntual. La principal motivación era que pasaran las horas y llegar a fin de mes. Entonces empecé a preguntar y a preguntarme: “¿yo tengo que dedicar la mayor parte del día (de mi vida) a un trabajo que no me gusta?”. Con los años hice intentos de formarme en algo que me gustara, aunque no encontré el apoyo necesario y abandonaba a la que aparecía otro estímulo más interesante. Hoy puedo decir que encontré mi vocación: acompañar a las personas a encontrar su verdad a todos los niveles, aquello que hay de genuino en cada uno de nosotros. 

Vaclav Havel decía: “La esperanza no es la convicción de que las cosas saldrán bien, sino la certidumbre de que algo tiene sentido sin importar el resultado final”. Ahora más que nunca os animo a tener el valor, el coraje y la valentía de enfocaros en encontrar vuestro sentido de la vida, a nivel personal y a nivel profesional que es de lo que aquí se trata, sin importar el resultado final. Porque en realidad, si encuentras ese sentido y estás ahí... y pese a las dificultades tienes el apoyo para seguir estando ahí, al final la vida te regala (aunque a veces pueda parecer mentira), aquello que más anhelabas. Eso sí: no va ser fácil. Si lo consigues, no tendrás que ir a trabajar para ganarte la vida porque ya la tendrás ganada.



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domingo, 20 de octubre de 2013

7 escenas de película que transmiten algo importante. Y un cortometraje en la misma línea: "Locos son los otros"




Ésta es una pequeña selección de 7 escenas de película y un cortometraje que me ha parecido interesante compartir por lo que transmiten. Cada uno, según su filtro, llegará a sus propias conclusiones. 

Si te animas, te invito a que te sumes y compartas en los Comentarios alguna otra escena que consideres en la misma línea de lo que se plantea en esta entrada.


"El indomable Will Hunting"


"Pactar con el diablo"


"Juego de honor"



"De amor se vive"


"El curioso caso de Benjamin Button"
video


"Mejor... Imposible"


"Matrix"



Cortometraje: "Locos son los otros"



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