viernes, 15 de noviembre de 2013

Cómo encontrar un buen terapeuta, según Alice Miller...


Teniendo en cuenta la abundancia de ayuda y oferta "terapéutica" que prolifera en nuestra sociedad, cada vez cobra mayor importancia discernir cómo dar con un buen terapeuta. Alice Miller (si no la conoces, aquí tienes una entrevista que le realizaron) lo tenía claro. A continuación transcribo las conclusiones a las que llegó, que aunque podrían ampliarse aún más, comparto plenamente. Dejo constancia de su testimonio en una síntesis que he realizado sobre sus conclusiones:

"A menudo me preguntan cuál es el elemento que considero más importante hoy en día en una terapia. ¿Reconocer la verdad, liberarse de la cárcel del silencio o de la idealización de los padres, o quizás la presencia de un "testigo con conocimiento"?
No creo que se trate de una cosa o de la otra, sino más bien de una cosa tanto como de la otra. Sin la presencia de un "testigo con conocimiento" es imposible soportar la verdad de la infancia. Sin embargo, cuando hablo de un "testigo con conocimiento" no me refiero a alguien que haya estudiado psicología o que haya recuperado sus experiencias primeras con un gurú, de quien después dependiese. Para mí, un "testigo con conocimiento" es esa persona que encontró la fuerza suficiente para enfrentarse a su historia, alcanzó su autonomía y no necesita equilibrar la impotencia que un día reprimió imponiéndose a los demás.
El adulto necesita ayuda para superar la situación que está viviendo, y también para no perder el contacto con ese niño que tanto sufrió y que sabe lo que sucedió; ese niño al que durante tanto tiempo no se ha atrevido a dejar hablar y cuya voz, gracias a que alguien lo acompaña, puede escuchar ahora. El cuerpo sabe todo lo que le ha sucedido, pero no puede expresarlo con palabras. Es como el niño que fuimos una vez, ese niño que lo ve todo pero que está desamparado y se siente impotente sin la ayuda de un adulto. Cuando las emociones regresan del pasado, siempre las acompaña el miedo del niño que se siente en peligro y que depende de la comprensión o, al menos, de la tranquilidad que le proporcionen los adultos. Incluso los padres más confundidos, incapaces de comprender a su hijo porque ignoran su propia historia, pueden proporcionar esta tranquilidad. Pueden aliviar el miedo de su hijo (y también el suyo propio) dándole protección, seguridad y continuidad. Nuestro sistema cognitivo puede hacer lo mismo en un diálogo con nuestro cuerpo.
Alice Miller: encontrar un buen terapeuta
Al contrario del cuerpo, el sistema cognitivo sabe muy poco sobre los sucesos pasados, los recuerdos conscientes son frágiles y falibles. Pero sin embargo, cuenta con un amplio conocimiento, con una inteligencia desarrollada y unas experiencias vitales de las que el niño carece. Como el adulto ya no se siente impotente, puede ofrecerle al niño que lleva dentro (a su cuerpo) protección, comprensión para que pueda articularse a su manera y contar su historia. Gracias a estas historias, los miedos y las emociones del adulto adquieren significado. Al final se narran en un contexto y ya no resultan amenazantes. La víctima ya no se sentirá sola con su historia.
Sé lo complicado que resulta encontrar un buen terapeuta, pero, de todas formas, creo que es posible si usted sabe lo que necesita. A continuación intentaré responder a algunas preguntas que quizás le animen a comprobar la actitud del correspondiente candidato o candidata.



¿Qué necesito para superar esta situación de conflicto?
Necesita usted una persona comprensiva y honesta que le ayude a tomar en serio el conocimiento que posee su cuerpo. Una persona que haya pasado por lo mismo con éxito, porque tuvo la suerte de encontrar la clase de ayuda que usted busca ahora.

¿Cómo puedo saber si el terapeuta es esta clase de persona?
Haciéndole muchas preguntas.

El mero hecho de pensar en ello me espanta. ¿Por qué no me atrevo a hacer preguntas?
Probablemente cuando era niño le castigaban cuando hacía preguntas, porque esas preguntas amenazaban la autoridad de sus padres. Quizás sus preguntas eran ignoradas muchas veces o, en lugar de darle respuestas sinceras, le contaban mentiras. Eso era muy doloroso. Ahora tiene usted miedo de que vuelva a suceder lo mismo. Puede suceder que el terapeuta no le comprenda o que reaccione con miedo o de manera defensiva a sus preguntas, pero usted ya no es el niño indefenso que carece de otras posibilidades. Usted puede irse sin más y buscar otro terapeuta. Puede reconocer que se trata de mentiras, de informaciones confusas o de mecanismos de defensa. Tiene que prestar atención a lo que está escuchando. El terapeuta también necesita una terapia y ése no es su trabajo, porque usted está pagando sus honorarios.

Me siento culpable por mi desconfianza. Si no puedo confiar, nunca lograré saber lo que es bueno para mí...
Su desconfianza tiene una historia y su necesidad de cierto tipo de comprensión también. Seguramente abusaron de su confianza. El niño que usted fue lo sintió con claridad, su cuerpo sabía la verdad. Ese niño no pudo, por lo tanto, desarrollar su confianza. Preste ahora mucha atención a las señales de su cuerpo, porque se trata del niño enmudecido que empieza a hablar y que necesita su ayuda. Si no se siente a gusto con una persona, confíe en sus sentimientos, no los ignore e intente averiguar lo que le molesta. Si usted siente que alguien lo comprende profundamente, su cuerpo se lo hará saber enseguida y de forma clara relajándose sin tener que acudir a estrategias especiales. Quizás el mismo terapeuta le anime a hacerle preguntas. Eso sería una buena señal, pero preste atención, de todos modos, a sus respuestas.
Si la respuesta del terapeuta es agresiva o está a la defensiva u oculta información, podrá ahorrarse mucho tiempo y dinero si se va. Por otra parte, si la respuesta le parece satisfactoria, le animará a seguir preguntando. Y eso es lo que debe hacer. Puede usted apuntarse las preguntas que le parecen importantes y llevarlas consigo a consulta.

¿Qué me está permitido preguntar?
Todo lo que desee saber. Pero sobre todo no olvide preguntarle al terapeuta por su infancia y por sus experiencias a lo largo de sus estudios. ¿Qué piensa sobre sus estudios, sobre sus profesores? ¿Qué le ayudó, qué no le ayudó? ¿Tiene la libertad de ver lo que no estaba bien o protege a las personas que le hicieron daño? ¿Intenta minimizar estos perjuicios o incluso negar su existencia? 
Un buen terapeuta tiene que ayudarle a comprender y a satisfacer sus propias necesidades, que durante tanto tiempo usted ha ignorado; su necesidad de expresarse con libertad, de comprender y ser comprendido, respetado y tomado en serio, su necesidad también de comunicarse abiertamente. Si comienza este proceso y protege al niño, la rabia y el odio desaparecerán poco a poco y un día es probable que deje de atormentarle completamente. La rabia y el odio son señales de alarma que aparecen cuando usted reproduce consigo mismo el abandono y el desprecio que pudo recibir de sus padres. En cuanto comience a reconocer sus propias necesidades y a actuar en consecuencia, ya no necesitará a sus padres para ello y su rabia desaparecerá -tal vez hasta que un nuevo suceso agite las experiencias pasadas almacenadas en el cuerpo-. Pero estos periodos serán cada vez más breves en cuanto permitamos que el cuerpo utilice su propio sistema de regulación.

¿No resultaré indiscreto si hago demasiadas preguntas?
De ninguna manera. Tiene usted el derecho a informarse tanto como sea necesario y el o la terapeuta debe tener el valor, la comprensión y la franqueza de responderle adecuadamente. Si esto no sucede, no será el terapeuta apropiado para usted. Busque la franqueza, la atención, la empatía, el valor y la honestidad".


Si quieres saber más sobre Alice Miller, aquí tienes una entrevista sobre ella...


Bibliografía: MILLER, Alice: "Salvar tu vida. La superación del maltrato en la infancia". Tusquets Editores. 2009



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