lunes, 9 de diciembre de 2013

El corazón y sus repercusiones afectivas en la salud y la calidad de vida



En esta entrada hago una aproximación a la esencia, el sentido y los significados del corazón. ¿Por qué el corazón? Por las implicaciones tan fundamentales que de ahí parten. El corazón es el gran pilar donde se sustenta el ser humano y sus relaciones.

Etimológicamente, corazón viene del latín cor-cordis. Desde el corazón tenemos corazonadas o algo nos parece descorazonador. Desde el corazón nos acordamos, recordamos o acordamos si los corazones se ponen de acuerdo. Desde el corazón también podemos estar en desacuerdo distanciando los corazones. Curioso que la cordura y el estar cuerdo, en contraposición a la locura, también partan del corazón. Igual que el coraje, que recoge la energía del corazón para tirar adelante.

A nivel fisiológico, el corazón es el principal órgano del aparato circulatorio. Aspira e impele a través de movimientos de sístole (contrae y expulsa la sangre hacia los tejidos) y de diástole (relaja y recibe la sangre de los tejidos), impulsándola hacia todo el cuerpo. El corazón es el primer órgano que funciona y se activa en todos los seres humanos y lo hace en la fase pre-natal embrionaria, con un funcionamiento de contracción y expansión propio de los sistemas vivos que marca el ritmo y el tiempo en su latir constante. El corazón de la madre es el primer ritmo que escuchamos cuando se ha construido el oído en la fase intrauterina. El latir del corazón de la madre es la primera música, la más básica que todos llevamos incorporada. 

Detengámonos en lo que nos sucede al nivel del corazón y los afectos. Digo el corazón y los afectos porque ambos van directamente unidos y asociados: lo que a mí me sucede es lo que me afecta, y tiene que ver con mi corazón.
Corazón y afectos: salud
El corazón escucha más que oye. Sobre todo siente. Siente la relación y el vínculo con el otro, mucho más allá de las palabras. Siente si es tratado bien o mal; siente si algo es positivo o negativo. Desde ahí responde con movimientos de contracción-expansión. Un corazón contraído es un corazón asustado y encogido (el miedo contrae) que no se puede soltar. Desde ese encogimiento más o menos constante en función del miedo que haya o del estrés al que se someta la persona, el corazón, los vasos sanguíneos, las arterias y todo el sistema cardiovascular tendrá dificultades al bombear la sangre hacia el resto del cuerpo.
¿Por qué se asusta el corazón? Porque no es bien tratado. En alguna medida todos tenemos el corazón perjudicado en nuestro vínculo afectivo desde nuestra infancia. En función del trato recibido tengo un corazón más o menos sano, o más o menos dañado. El corazón necesita que lo amen para poderse soltar y estar tranquilo. Necesitamos el amor de la madre y del padre para aprender a amarnos a nosotros mismos, y luego a los otros. Si no puedo mostrar mi corazón y me tengo que proteger, me construyo una coraza para que no me hagan daño. La coraza acoraza el corazón y sus implicaciones afectivas. Desde ese miedo de fondo soy un ser desconfiado que siente al mundo como enemigo y hace de tripas corazón. Desde ahí también puedo construir una armadura de orgullo que enfría el corazón y lo mantiene "a salvo", pidiendo afecto o comprensión desde la distancia, la crítica, la dureza y la rigidez. La violencia también nace desde ese encogimiento. Para defenderme me violentaré con quien sea necesario si me tocan el dolor que tengo. Aunque desde ahí parezca un ser fuerte y duro, en realidad soy un ser débil, asustado y potencialmente enfermo. 
El corazón nos acerca al corazón del otro, o nos aleja de él en función de cómo somos tratados. Es la brújula que marca la distancia con respecto al otro en función de ese trato. A la mínima que suceda algo que nos hiera, los corazones se protegen y las personas se distancian. Por el contrario, si estamos tranquilos los corazones y los afectos pueden conectarse y soltarse al placer afectivo del encuentro con el otro. 

Si sabemos que tenemos el corazón perjudicado podemos repararlo. Para ello necesitamos un trato distinto: receptivo, humano, cálido, afectuoso, cercano, respetuoso. A nadie se le olvida aquella o aquellas personas que nos trataron desde ahí. El corazón les recuerda siempre, aunque ya no estén aquí. 

A nivel mundial, tanto la primera causa de muerte violenta como la primera causa de muerte no violenta tienen que ver con el corazón. La primera causa de muerte no violenta se debe a enfermedades cardiovasculares: el corazón las rige. La primera causa de muerte violenta es el suicidio. Atendiendo a las repercusiones e implicaciones que el corazón trae consigo, algo deben tener que ver las enfermedades cardiovasculares y el suicidio con los afectos y el trato (o maltrato) recibido. 
A pesar de los datos estadísticos tan concluyentes, las élites políticas, sometidas a las financieras, dedican muy poca energía, por no decir ninguna, a hacer algo con ello. En nuestra sociedad, lo que realmente cuenta es producir, hacer, trabajar: los resultados. ¿De qué sirve trabajar tanto y cumplir con tantos objetivos si nuestro corazón y nuestros afectos se hallan desamparados? ¿De qué sirve si no atendemos a lo que realmente es importante para crecer con salud y calidad de vida?

Es prioritario desenterrar el corazón y los afectos para no desorientarnos más de lo que ya estamos. ¿Qué calidad real tienen nuestras relaciones? ¿Cómo nos relacionamos? 
Es necesario recuperar las relaciones humanas auténticas que nutren y dan sentido a la vida. No tenemos que buscar fuera, sino mirar adentro, en el corazón de cada uno.

Si deseas profundizar acerca del corazón, el amor y los afectos, te recomiendo visitar esta entrada...



1 comentario:

  1. He encontrado este enlace. Han creado un corazón artificial. En eso dedican sus esfuerzos sin tener en cuenta las implicaciones que ello tiene... http://www.tendencias21.net/Crean-un-corazon-totalmente-artificial-con-tecnologia-aeroespacial_a28264.html

    ResponderEliminar