jueves, 12 de julio de 2018

Uso y abuso del concepto "amor"



Por lo que observo especialmente en los últimos tiempos, me veo en la necesidad de realizar una aproximación crítica al uso y abuso del concepto "amor", tan extendido sobre todo en contextos de terapias y movimientos espirituales.
Desde el desarrollo humano, la primera vez que sentimos amor por el otro es hacia nuestra madre y hacia nuestro padre. A través de las vivencias relacionales registradas a lo largo de la infancia y la adolescencia se establecen unos registros-base que marcan a fuego nuestra vinculación afectiva y posteriormente sexual. Los patrones de deseo y atracción también se definen desde ahí. En efecto, el trato que reciben nuestras necesidades instintivas a lo largo del desarrollo incide directamente en cómo nos vinculamos, en cómo sentimos el amor por el otro y en cómo sentimos el amor por nosotros mismos. No obstante, la vinculación afectiva que se cimienta y erige en esas relaciones primarias no solo está conformada por amor. 

En la vida adulta, situarse en el uso y abuso del concepto "amor" como si fuera lo único que existe, lo único que cura y lo más de lo más -pasando literalmente por encima de lo que también depositamos en la realidad de las relaciones humanas-, tiene que ver con una negación severa de implicaciones no precisamente amables que también acontecen en la vinculación con el otro. Por más que uno se sitúe desde ahí, cuando nos vinculamos al otro inevitablemente se manifiesta lo que hay, aunque se oculte y se racionalice de formas varias para defendernos del dolor que producen las dificultades relacionales propias y ajenas.
La vinculación afectiva y la vinculación sexual, unidas, conducen a un vínculo de unión profundo con el otro que suele culminar en el establecimiento de las relaciones de pareja. En ellas suele darse una dicotomía bastante generalizada. El argumentario defensivo desde donde nos vinculamos a ese nivel puede estar teñido, por un lado, de relaciones dependientes en que el otro es un objeto para la satisfacción de las propias carencias; por otro lado, como reacción, el argumentario puede matizarse por una desafección a nivel vincular en que se eluden y rehuyen las dificultades propias de cualquier relación. En ambos casos, la conexión real con el otro brilla por su ausencia. Es decir, por un lado, desde la carencia uno puede situarse en demanda permanente creyéndose con el derecho a pedirle a la pareja de todo y más; por otro lado, desde la reactividad, uno niega la necesidad, el sentir y la vulnerabilidad con respecto al otro y del otro hacia uno. En ese sentido abundan expertos e iluminados acerca de estas cuestiones, con cantidad de seguidores en las redes "sociales" que ansían respuestas en un ideal de cómo tienen que ser las relaciones. A modo de síntesis, en la mayoría de ocasiones se critica la primera tendencia calificándola de "apegada", al mismo tiempo que se ensalza la segunda disfrazándola de "libertad". Tanto en un lugar como en el otro andamos ciertamente perdidos, ausentes de referentes. Ni en un lado ni en el otro podemos hablar propiamente de amor cuando tratamos de vincularnos. Para ello es necesario atender a lo que nos sucede en las relaciones humanas vinculares, más allá del amor: sin escapar de lo que nos sucede y sin huir de la relación que mantenemos. 

Uso y abuso del concepto "amor"
Por lo que observo en las terapias de pareja que he tenido oportunidad de acompañar, a pesar de que donde más conflicto existe es donde más dañados están el uno y el otro, cuando dos personas realmente se aman y se vinculan, tienen el valor de estar con la verdad de lo que le sucede a uno y con la verdad de lo que le sucede al otro desde el compromiso que mantienen. Es necesario atender lo que cada cual necesita comunicar, y estar, permanecer... hasta llegar a un lugar común. Desde la verdad y la claridad en los conflictos emerge el amor en el lugar común alcanzado. La solidez vincular es incapaz de saltarse esa realidad relacional. No condenemos las relacionales humanas vinculares al turismo relacional del onlyhappy que tanto abunda.
No quiero ahondar más en ello, simplemente quería dar mi versión sobre hechos que observo. Si alguna recomendación puedo dar es que no busquen soluciones milagrosas fuera: podrían perderse y confundirse más aún de lo que ya pudieran estar. Y sospechen de aquellos que no cesan de recetar milagros para el amor, así como de aquellos a los que no les cabe el amor en la boca como solución mágica para todo. El amor no puede ser una cortina de humo que oculte cuestiones relacionales sin resolver. El conflicto más allá del amor es necesario para crecer y evolucionar en las relaciones interpersonales que establecemos. Éste y muchos otros aspectos de la relación humana son desarrollados extensamente en mi próximo libro que espero pronto sea público.